Santí nació de una búsqueda muy personal. Durante mucho tiempo viví con agruras y una digestión que no me hacía sentir bien.
Un día, mi hija me recomendó tomar kéfir. Ese pequeño consejo cambió mi vida. Comencé a prepararlo en casa, aprendí a respetar el tiempo de la fermentación y descubrí el valor de hacer las cosas con cuidado.
Hoy seguimos elaborando nuestro kéfir de forma artesanal, con la misma dedicación con la que comenzó esta historia.